Noticias





La extrema sequía pasa factura al recibo de la luz
Publicado el 13/11/2017


El desplome de la energía hidroeléctrica dispara el coste energético y hunde los beneficios de las eléctricas

El recibo de la luz se ha vuelto a disparar. Pese a que el tiempo hasta ahora ha sido muy benigno, el consumidor medio ha pagado hasta octubre 74 euros más por la factura eléctrica que en el mismo periodo de 2016, y se estima que cuando acabe el año el sobrecoste será de 100 euros, más de un 10% de repunte. El Gobierno achaca este alza a la sequía, que ha hundido la producción hidroeléctrica, una de las energías más asequibles, y ha obligado a quemar carbón y gas, más caras. Las eléctricas se quejan de que la baja pluviosidad les ha costado pérdidas millonarias. Pero otros expertos apuntan que, además del clima, los incrementos responden también a fallos en el mercado y a la escasa oferta de otras energías renovables como la fotovoltaica.

Que la factura de la luz se desboque se ha convertido en un clásico de todos los otoños e inviernos, un episodio doloroso para los bolsillos de al menos los 11,5 millones de consumidores que se acogen a la tarifa regulada. En el invierno de 2015, fue el anterior sistema de subastas el que disparó el precio; en el del año pasado, la causa del alza fue el parón de varias centrales nucleares francesas, y este año el incremento se achaca a la sequía.


La escasez de lluvias parece que tendrá consecuencias más graves este año. Por el momento, ya ha motivado que el recibo eléctrico se dispare un 12% y el del gas entre un 3,2% y un 4,5% de enero a octubre, según datos del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital. El Gobierno y las eléctricas están de acuerdo en culpar a la pertinaz sequía del encarecimiento del recibo, por un lado, y de los pésimos resultados financieros de las compañías, por otro.

Pero la sequía, ¿es realmente la causa para ese alza desbordada de la factura energética o solo una excusa para ocultar un sistema ineficiente? Los últimos datos meteorológicos apuntan en la primera dirección. Los embalses se encuentran al 37,5% de su capacidad, el menor nivel desde 1995, según el Ministerio de Agricultura. Con los pantanos vacíos, la producción hidroeléctrica se ha hundido: en octubre, fue de 725 gigavatios hora, la menor cifra desde que hay registros (enero de 1990), según alertó Red Eléctrica (REE).

Como consecuencia, la energía hidráulica solo representó en ese mes el 3,6% del el conjunto de la generación de la electricidad. Y ha pasado de suponer el 15% en los diez primeros meses del 2016 al 7,5% en lo que va de este ejercicio. También ha caído considerablemente la energía eólica por la falta de viento.

La carencia de estas energías renovables, cuyo coste está cercano a cero, se debe suplir quemando carbón o gas en las centrales térmicas o de ciclo combinado, mucho más caros evidentemente que el viento o el agua. Para agravar la ecuación, las materias primas se han disparado en el último año: un 15% el barril de Brent; un 7% el gas natural y un 12% el carbón, según datos de Energía.

La baja pluviosidad no solo afecta al consumidor sino también a la cuenta de resultados de las eléctricas. Las tres principales compañías –Endesa, Iberdrola y Gas Natural Fenosa- ganaron en conjunto 733 millones de euros menos durante los nueve primeros meses de este año. Iberdrola, la más dependiente del recurso hidroeléctrico, registró un descenso del 57,6% en la producción hidráulica en España, lo que le ha supuesto un impacto negativo en su beneficio de explotación (Ebitda) de 400 millones de euros.

Aunque ninguna de las compañías ni la patronal Unesa quiere dar una opinión oficial, en el sector se quejan de que se relacione esa subida en el recibo de la luz con su ansia de beneficio, cuando se da la paradoja de que cuanto más altos son los precios menos ganan las eléctricas, como señaló el presidente de Endesa, Borja Prado, en la presentación de resultados trimestrales.

“Las eléctricas comercializan más energía de la que son capaces de generar y, por tanto, tienen que comprarla para vendérsela a sus clientes. Además, donde más margen tienen es precisamente en la producción de las energías renovables porque solo tienen que dar al botón o abrir la compuerta para empezar a ganar dinero”, explica un analista del sector.

Un sistema ineficiente

No todos tienen la misma opinión. Algunos como el primer presidente de Red Eléctrica de España (1998-1997) y actual presidente de Economistas Frente a la Crisis, Jorge Fabra, cree que existe un mal estructural endémico en el mercado eléctrico fruto de una regulación ineficiente. “El mercado de la electricidad es un completo disparate, y la prueba del nueve de que no funciona es la volatilidad de los precios. El coste de producir energía hidroeléctrica, eólica, fotovoltaica o nuclear es constante, pero es el coste de la energía más cara, como la de una central de ciclo combinado, la que cubre el último tramo de la demanda, la que impone el precio final. Y eso es así porque se parte de la falacia de un precio único eléctrico, cuando cada kilovatio hora da un servicio diferente y debe tener una retribución diferente”.

Fabra señala que debería fijarse un precio distinto por cada tipo de tecnología para que el mercado funcionara de forma más eficiente, porque además en energías como la hidráulica o la nuclear no hay posibilidad de nuevos entrantes y, por tanto, no hay competencia. “Al final el consumidor paga el agua al precio del gas o del petróleo”, certifica Fabra.

Pedro Linares, profesor de la Universidad Pontificia de Comillas y director de Economics for Energy no cree que haya que pensar en una teoría conspirativa aunque el sistema sea mejorable. “Cuando se unen factores, como los que han sucedido, que no hay agua, poco viento y aumenta el precio del gas, es normal que suban los precio. Tenemos un sistema marginalista en lugar de uno de costes regulados como el antiguo marco legal estable. Y la gente se pregunta si con el sistema actual las empresas pueden fijar los precios a su voluntad. Pero para eso está la CNMC, para vigilar que eso no se produzca. En realidad, si los dos sistemas funcionan bien, el resultado final es el mismo y los consumidores deberían pagar lo mismo. Pero es que además la UE ha decidido que todos los países deben adoptar el sistema marginalista por lo que no tiene sentido la discusión. La CNMC tiene que hacer su trabajo de inspección. Y los consumidores puede reaccionar adoptando medidas de eficiencia energética”.

Otros como Carlos García Buitrón, director general de Ecovatios, una eléctrica que solo comercializa energías renovables, recuerdan que en España la energía con mayor potencial, y que hasta ahora ha sido desaprovechado, no es la hidráulica ni la eólica sino la solar, y frente al tópico de las altas subvenciones afirma que “el coste actual y la maduración tecnológica de la energía solar fotovoltaica hace que los nuevos proyectos no necesiten ningún tipo de incentivo”.

Actualmente, hay unos 4.500 MW de energía solar fotovoltaica, que satisfacen solo un 3% de la demanda. Por comparación, en Alemania hay 42.000 MW fotovoltaicos; Italia tiene unos 20.000 MW y durante 2016 en Estados Unidos se instaló más potencia de origen solar que de cualquier otra fuente de generación.

"En esos países es habitual que los precios horarios muy bajos o tendentes a cero en el mercado mayorista no solo se asocien a la entrada de mucha eólica con la llegada de borrascas (como ya sucede en España), sino también a los periodos soleados durante todo el año, especialmente durante las horas centrales del día. Precisamente, en España esas horas están entre las más caras porque corresponden a periodos de demanda elevada. En un país como el nuestro, de largos periodos anticiclónicos afectando a la gran mayoría del territorio, este efecto depresor de los precios del pool asociado a la producción solar (que actualmente no se produce) podría tener un impacto positivo en el precio final de la electricidad para los consumidores. Y podría darse si España tuviese una potencia instalada fotovoltaica comparable a los países de nuestro entorno", señala el directivo de la eléctrica verde.

UNA ALARMA SOCIAL INNECESARIA

El sector eléctrico no suele hacer públicas sus posiciones. Tampoco en esta ocasión se ha pronunciado, pese a la petición de este diario. Pero existe un malestar porque consideran que cuando se producen subidas importantes en el precio de la luz tanto en invierno como en verano, se crea una alarma social, que no responde a un problema de funcionamiento del mercado sino a medidas políticas equivocadas.

“Lo cierto es que la mayor parte del año el precio es muy bajo y es un torpeza del Gobierno mantener la referencia horaria en la tarifa doméstica, cuando el consumidor pagaría lo mismo si se aplicara una media trimestral o incluso anual, al igual que ocurre con el Euribor y las hipotecas. En la actualidad, España es el único país de la zona euro donde el precio de la luz para los consumidores domésticos está ligado al mercado horario, con la consiguiente volatilidad y la fuerte exposición al riesgo para clientes que no tienen capacidad de hacer coberturas”, sostienen en fuentes cercanas al sector.

Por eso, no ha sentado nada bien las anunciadas por el Gobierno para paliar la subida del recibo y, en particular, la medida aprobada el pasado viernes por el Consejo de Ministros de obligar a los operadores dominantes -Gas Natural Fenosa y Endesa- a ofrecer gas natural en el mercado organizado (Mibgas), para evitar subidas de precios derivadas de la falta de liquidez.

“El Ejecutivo intenta ahora parchear estos sobresaltos para los consumidores con nuevas medidas electoralistas que en la práctica no van a conseguir ninguna reducción en los precios, sino generar más confusión en la tarifa eléctrica y perjudicar una vez más la reputación del sector. El recibo de la luz estaría entre los más bajos de Europa si se eliminaran partidas que deben ir en los Presupuestos Generales del Estado. El Gobierno tiene en su mano poder aplicar una rebaja del 40% en el recibo de la luz”, señalan las mismas fuentes.




    SEGUIR EN: